La caracola se acercó a la ostra para ver, por pura curiosidad, qué tenía adentro. AguaSuave medía sesenta centimetros de alto, aunque era una preciosa bebé, con tiernas rayitas difusas que iban desde el rosa, al amarillo, también marrón, naranja, y la rayita del medio era violeta.

Caracol de mar

Llama a la ostra pero ésta no le abre, porque sabe que es una pícara, siempre hace bromas, y además, con lo pequeña que es, ya tiene fama de ser un poquito mentirosa. AguaSuave le pide, de todas las formas que puede, que por favor la deje ver su perla: le hace mil monerías, da saltitos a su alrededor, le canta una canción, le recita un poema marino, le dice cuantas rimas se podía inventar, todas terminando con “perla“.

Ostra con perla...

La ostra pierde por cansancio, y abre lentamente su negra concha, ahora la caracola puede ver la preciosa perla en toda su plenitud y el brillo le refleja en sus ojos. Una gran sonrisa alegra la cara de la curiosa y grandota bebé.

De la misma forma que quería ver, con tantas ganas, dentro de la ostra, ahora quiere poderla sujetar, mirar de cerca, y hasta jugar con ella. Aunque sabe que será bastante dificil que se la preste, intenta pedírsela prometiéndole que la cuidará como si fuera su hija. La ostra se la presta con la condición que al día siguiente, a la misma hora tiene que devolvérsela. La muy traviesa no cumple con lo acordado, y a partir de la hora exacta en que tenía que entregarle la perla, le da un ataque de hipo. Aunque ella no lo sabe, no se le irá hasta que cumpla con su promesa.

Sin importarle demasiado los saltitos que el hipo le ocasiona, sujetando bien la perla, va en busca del pulpo, porque ahora se le ha antojado aprender a bailar el rock’n roll. Al llegar al barrio de los pulpos, se encuentra a una señora pulpo que se está pintando las uñas de sus ocho tentáculos. AguaSuave le ofrece ayudarla para así poder empezar antes la lección de baile.

No se sabe muy bien cómo, pero el hipo hizo que el esmalte de uñas se derramara en el agua y se queda flotando alrededor de la señora pulpo ¡Qué mala suerte! El olor del esmalte la hace estornudar a AguaSuave, embadurnándole la cara con todos los colores a la señora pulpo. La caracola intenta soplarle los ojos para ver si de esta manera se puede limpiar, pero lo único que logra es llenarle la cara de arena… AguaSuave está que se muere de vergüenza, debido a todos los desastres que hace.

La señora pulpo está terriblemente enfadada y hace gestos con todos sus tentáculos intentando sacudirse, aunque sin lograrlo, la pintura de encima…

Señora pulpoBallena con el hipo...

Cuando no muy lejos de ahí, pasa una ballena que también tiene un ataque de hipo (de esos que ocurren porque sí), y las olas que se forman son tan fuertes, que le limpian la cara a la pintarrajeada. La caracola le dice que mejor dejan su clase de Rock para otro día, y se va con su hipo a otro lado. Dejando una estela de disculpas atrás suyo.

Como ya se sentía algo cansada de tener que estar todo el rato con la perla a cuestas, y además ese hipo tan molestón, decidió ir a devolvérsela a la ostra. Al golpear suavemente y decirle que le traía su perla, la ostra abrió rápido. La tristeza que tenía, porque creía que nunca más vería su bella perla, de un golpe se fue.

No podía dejar de decirle a AguaSuave que no había cumplido con su promesa, y por eso tuvo hipo, que la próxima vez no le prestaría la perla, ni aunque fuera por un minuto. Sin querer escuchar nada más empezó a cerrarse. La caracola le pedía perdón mientras la ostra se cerraba.

Más cansada y abrumada por todas las cosas que habían pasado fue en busca de su mamá, se acurrucó cerca de ella, y le dijo que iba a procurar ser mas buena. AguaSuave dormía soñando con nuevas travesuras marinas.

El Tesoro del Arcoiris, acceso: 24 cuentos ilustrados para niños
Escrito por Sofia Reina, la de siempre / © Todos los derechos reservados por el autor

Foto Flickr “Caracol de mar”: Javier País