Era el principio de las vacaciones de las dos hermanitas, la de mayor, de seis, miraba por la ventana del coche mientras iban al aeropuerto, se fijó en un montón de gaviotas que estaban volando entre el cielo muy azul y la montaña muy verde.

Gaviotas

Curiosamente las gaviotas volaron todas juntas hasta el aeropuerto, ellas no necesitaron mostrar su equipaje ni líos por el estilo, viajaban tranquilamente con lo puesto, ¡Qué fácil es viajar así!

Al subir a su avión la niña mayor miró al cielo y al verlas volando, las saludó con la manito. Cuando iban llegando al punto de destino, las vio volar rápido-rápido bastante más abajo que ella, sonriente pensó que ella llegaría primero, claro que no valía competir en avión contra las gaviotas… Un avión era como mil gaviotas juntas, bueno quizas sería como un millón.

El taxi que las llevaba a casa en la montaña iba por las curvas bordeando el mar, lleno de pestañas blancas.

  • ¡Allí está Pitzy!, exclamó felíz, ¡Ha ganado la carrera a las demás!

Una gran sonrisa vistió la carita dulce de la niña mayor, sus ojos soñadores seguían los círculos que las gaviotas hacían en el cielo.

gaviotas

  • Se están preparando para hacer otra carrera a Barcelona y vuelan en círculos porque todas quieren ser primeras …

… pensó en voz alta la niña. Pitzy voló delante de los ojos de ella, tan cerquita que gritó:

  • ¡Cuidado con Pitzy!

El conductor del taxi miró por el retrovisor hacia atrás y encogiendose de hombros siguió la sigzagueante carretera

  • Si me pudiera seguir hasta casa, pensó.

Pitzy volaba muy distraídamente para aquí y para allá, cuando llegaron a la casa un grupo de gaviotas se paró a descansar en uno de los árboles de entrada. Se oía las risas de las gaviotas, finalmente y después de todo le habían ganado, la niña subía la cuesta riéndose junto a las gaviotas, porque ella estaba felíz que su preciosa amiga había llegado, con todas sus plumas, con su sonrisa a cuestas y su risa lista.

Como el atardecer no se hizo esperar, las dos niñas tenían que irse a descansar, para dar buena guerra al siguiente día comenzar. La amiga de Pitzy se quedó un rato en el medio del jardín hablando para arriba y nadie entendía a quien le hablaba, más ella, aclaro se dirijía a su amiga Pitzy…

Muy temprano, casi al amanecer, la niña corre hacia las grandes ventanas y mira el árbol… pero ahí no estaba Pitzy, mira al cielo… tampoco…. La inquietud de la niña empezó a molestar un poco a los mayores porque ella quería salir a toda costa, ir al super mercado, a la playa, a comprar caramelitos o simplemente salir a pasear por las montañas del mar.

Todos salieron y hubo una mirada que solo miró al cielo. Al cabo de un rato una gran sonrisa se dibujó en esa carita.

  • Pitzy estoy aquí… mirame, dijo impaciente. Ojalá pudiéramos entendernos, pensó la chiquilla.

El ave marina se aproximaba peligrosamente hasta la ventana de la pequeña, y ésta le decía muy bajito:

  • No hagas esto Pitzy, si te pasa algo estaré muy triste…

Pitzy subió al alto cielo y empezó planear con el viento, dejándose caer, y al ras del mar empezar a subir, jungando a dibujar el aire, sentándose en el agua a descansar.

Pitzy planeando ...

La niña bajó con urgencia del coche, corrió hasta la orilla del mar y cabalgó en circulos llamando a su amiga:

  • Piiitttzyyyyy…. Piiitttzyyyy….

Se quedó como una estatua con la mano tendida y los ojos cerrados, recordó que tenía algunas galletas en el bolsillo, puso algunas miguitas en sus manos y volvió a ponerse como antes, llamando muy bajito a su amiga, casi pensándolo.

Al escuchar el ruido de las alas abrió despacito los ojos, Pitzy estaba a unos metros de ella mirándola de costado así que muy lentamente se fue agachando hasta sentarse. La gaviota un poquito sobresaltada dio un brinco, pero la quietud de la niñita le dio confianza.

Fue arrojando muy despacito miguitas haciendo un caminito que cada vez se acercaba más a ella, dejándo la mano tendida con más migas sobre la arena. Un tanto desconfiada fue comiendo las migas una a una observando a la chiquilla de tanto en tanto.

Pitzy acercandose a la pequeña

Cuando casi llegaba a la mano daba vueltitas hacia atrás un poco temerosa. El silencio y la quietud convencieron a Pitzy que esa pequeña manito no le haría ningun daño. Al picar por primera vez de la mano la niña creía que el mundo había cambiado de color, pero no dijo nada ni se movió si quiera, fue dándole tantas miguitas como ganas tuviera de comer. Después se puso algunas en un hombro, y ¡si señor! se las comió, Pitzy se sentó en el hombro mientras la niña le iba dando con su manito y a la vez se encaminaba hacia el parasol donde estaba su familia.

  • Abuela, Abuela… mira, ésta es mi amiga Pitzy, me ha acompañado desde casa hasta aquí, dijo muy contenta pero sin asustar al ave.

Dio la sensación que Pitzy hacía una suave reverencia, ante la mirada atónita de todos. Le dio unos suaves mordisquitos en su oreja antes de levantar vuelo a modo de «hasta luego».

  • Hasta luego Pitzy ¡Esperame para que volvamos juntas a casa, eh!, le dijo saludandola con la manito hacia el cielo.

Y así cada tarde traía la niña unas galletas o pan, para su amiga que un día tendría que hacer otra carrera muy larga.

Gracias a mi hija Sonia por presentarme a Pitzy y ayudarme a hacer este cuento.

El Tesoro del Arcoiris, acceso: 24 cuentos ilustrados para niños
Escrito por Sofia Reina, la de siempre / © Todos los derechos reservados por el autor

Foto Flickr «Gaviotas»: cursist373