En la placita había un quiosco donde todos los niños del pueblo iban a comprar sus caramelos, sus piruletas, y todas las cositas dulces que tanto les gustan. Como el verano había empezado, el quiosco estaba muy concurrido.

Monedas

Al principio de una tarde tranquila, la señora del quiosco sentía unos  pic-pic-pic  piiic-piiic   piqui-piqui-piqui-piqui  muy ritmicos y rarillos, miró para todas partes, a ver si descubría que era aquello. No encontró nada por ningún lado, justo antes de decistir, se acercó a la caja y al abrirla buena sorpresa se encontró.

¡Resulta que las monedas estaban bailando! Cada monedita bailaba alguna música de su país, la francesa bailaba “Frai du Jacque”, la inglesa bailaba “Ba.. ba.. black sheep”, la holandesa “Ken je de mossel man?”, la argentina “El valiente monoliso” y así, girando al son de las melodías, todas las moneditas de todos los países, hasta que en una de esas llegó una moneda gorda, la mas gorda de todas, era la de quinientas pesetas, española. Todas las otras la miraron y empezaron a cuchichear, hasta que una le dijo:

¿Seguro que tu no puedes bailar “la Macarena”?
Pero… ¿¡quién te dijo que yo no puedo bailarla!?, le dijo indignada la moneda gorda.

Muy redonda ella se puso a bailarla, pero claro, que no como las otras moneditas, élla lo hacía a saltitos. Se entuciasmaron tánto que terminaron todas contagiadas, bailando a saltitos la musica de ese verano.

La señora del quiosco estaba muy contenta con sus moneditas bailarinas, tánto que empezó también a bailar “La Macarena” que pasaba por la radio.

El Tesoro del Arcoiris, acceso: 24 cuentos ilustrados para niños
Escrito por Sofia Reina, la de siempre / © Todos los derechos reservados por el autor

Foto Flickr “Monedas”: Judy van der Velden