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El "impeachment", la "so pena" y el "desprecio"
por Emilio Bernal Labrada


No queremos mezclar la política con la lingüística, pero a veces no hay más remedio. Por ejemplo, en el caso del lío en que se ha enredado cierto célebre personaje de la política norteamericana. Y no nos referimos a la señora Hillary Rodham Clinton, que se ha comportado como toda una dama.

Comoquiera que sea, parece que entre las palabritas de moda está "impeachment", pues casi todos los noticarios la pronuncian de alguna u otra (mala) manera. Pero en inglés, como si no tuviera equivalentes en nuestro idioma. La tendencia empezó hace años con Nixon, pero se consolidó de veras cuando los brasileños se lo hicieron al hoy ex presidente Collor de Melo, usando el término inglés (de cuya pronunciación portuguesa, por favor, no nos pregunten).

Aunque existen, entre otros, los términos "juicio político" y "juicio de residencia o destitución", lo cierto es que la voz "impeachment" tiene raíces netamente latinas, ya que viene de "impedicare", o sea "impedir", "poner impedimento" a un funcionario. Pero como "impedimento" no equivale ya al posible resultado del proceso --que está llamado a desembocar, las más de las veces (si no, no se emprendería), en la renuncia o destitución--, digamos que para expresar el concepto con una sola palabra, la que mejor encaja es más bien "impugnación". Es decir que se impugna el desempeño o conducta del funcionario a tal punto que, de declarársele responsable y culpable, se le destituye u obliga a renunciar.

Otro concepto jurídico que anda rebotando de boca en boca es "subpoena", voz que igualmente es de raíz latina ("so pena"), cuyo equivalente en nuestro lenguaje jurídico actual es "orden judicial". Lo de "subpoena" obedece a que el inglés ha adoptado el término como abreviación del concepto de que la persona cuya comparecencia se exige ha de presentarse, so pena de multa o privación de libertad.

Aparte de lo cual está la voz "contempt", que como en lenguaje llano significa "desdén", "desprecio", da lugar a que se usen erróneamente estas voces como equivalentes. Caso en el cual quien se merece el "desprecio" es el presentador o comentarista que ha usado el término, ya que en el ámbito jurídico el equivalente es "desacato". Y tratándose del concepto de "contempt of congress" (que casualmente es una posibilidad que pesa sobre la cabeza de la procuradora general Janet Reno si no satisface una petición del congreso), lo que corresponde es "rebeldía contra el poder legislativo".

Y por último, nos repiten al infinito lo del "reporte" que al escribir estas líneas está presentando al congreso el fiscal especial. Por lo que calculamos que el señor Ken Starr es un "reportero". Porque reportero es el que prepara reportes, ¿no? Bueno, NO. Porque en buen español lo que hace el fiscal es rendir su informe. Lo de "reporte" viene del inglés, idioma en que esa voz ("report") tiene acaso una docena de acepciones, de las cuales hemos reconocido, a fuer del uso, la de "noticia". Y claro, el derivado "reportero" en el sentido de "cronista" o "periodista".

Pero no (al menos todavía) la acepción de "informe", que es cosa bien distinta de una noticia. Aunque el documento en sí constituya una importantísima noticia. Pero dejando a un lado el aspecto lingüístico, vamos a incursionar un poco más en el tema de fondo, pues no hay duda de que el tema apasiona a todo el mundo --y conste que usamos la frase con el doble sentido de "todas las personas" y "todo el planeta"--. Casi todos en el extranjero se asombran de que un presidente norteamericano se vea en dificultades por un simple asunto de faldas, siendo el caso que casi todos los políticos practicantes de la sexualidad masculina normal, en todas partes del universo conocido, se muestran proclives a debilidades de este orden.

Lo que no se sabe o no se capta en el extranjero es que en el fondo no se trata de un asunto de faldas, sino de una cuestión de confianza. Lamentablemente el señor presidente ha dado no pocas muestras de dudosa integridad y el caso de la pasante o "interna" que ha tenido una íntima relación con él en la Oficina Oval ha venido a ser simplemente la gota que rebasó el vaso. Sobre todo porque el primer mandatario mintió al respecto durante siete meses: mintió a su gabinete, mintió a todo su personal, mintió al congreso y, lo que es peor, al pueblo norteamericano. Y ha sido una mentira gratuita, innecesaria. Si hubiera dicho la verdad desde un principio, tal vez no hubiera pasado gran cosa. Pero la gran mentira inicial engendró más mentiras, hasta que estas llegaron a ser montaña.

Y entonces se descubrió que el presidente había mentido en una declaración jurada, también sin posible justificación ni necesidad. Por último, el presidente tuvo que declarar ante un gran jurado, viéndose en la difícil situación --debido a sus anteriores mentiras-- de tener que admitir perjurio o bien cometerlo. Es muy penoso decirlo, pero entonces el señor presidente logró lo verdaderamente inconcebible: ¡hizo ambas cosas! Ya sabemos que sus defensores no están de acuerdo y le dan toda clase de vueltas y concesiones, pero en el fondo así ha sido. Así constará en el informe del fiscal Ken Starr que ya está en manos del congreso, con pruebas tan contundentes y explosivas que le impedirán al presidente permanecer en su cargo.

Conclusión: la pérdida de confianza en el presidente, incluso por parte de sus propios compañeros de partido. Con tal motivo, serán estos, precisamente, los que le pedirán que dimita. El mandatario que se ha infligido sus propias heridas y que por añadidura ha perdido la confianza de su gente y de su pueblo, carece de la fuerza moral necesaria para gobernar. Es así de sencillo.

Los próximos días demostrarán la dolorosa verdad de este aserto, que a nadie debe complacer. En resumen, nos atrevemos a pronosticar que el señor presidente se verá obligado a renunciar antes de las elecciones señaladas para el día 3 de noviembre. Si no, el resultado será una gravísima crisis constitucional, nunca antes vista en la historia de este país.


© Emilio Bernal Labrada   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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